Accion Por La Justicia es un sentimiento social compartido, inspirado en una Justicia Social fundamentada sobre los principios constitucionales de Libertad, Igualdad ante la Ley y respeto a la diversidad ideológica, personal, profesional, cultural y social. Igualmente, desde ACCION POR LA JUSTICIA, reprobamos toda forma de ejercicio impune del poder, así como el uso malicioso y arbitrario de Derecho por parte de quienes tienen la obligación de aplicarlo desde la imparcialidad y la independencia.
20 agosto 2011
LAS DOS ESPAÑAS EN LA PUERTA DEL SOL.
Los incidentes acaecidos anteayer en la Puerta del Sol, en los que un grupo de individuos identificados con el sobrenombre de “indignados” la emprendieron a golpes, insultos, amenazas y coacciones de todo tipo contra jóvenes asistentes a la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD, organizada por la iglesia católica, son el fiel reflejo del perenne enfrentamiento entre las dos Españas al que el actual y caduco gobierno socialista nos ha implantado como ideal de vida. Taurinos y antitaurinos, católicos y ateos, madridistas y culés, derechas e izquierdas, rojos y fachas, ricos y pobres… afortunados y desgraciados, quedaron fielmente reflejados en el click fotográfico que los medios han reproducido hasta la saciedad, en el que una joven besaba un crucifijo mientras era presa de las iras de unos energúmenos de gesto desencajado que la acosaban por sus creencias religiosas.
Al ofensor y a la víctima, les separan dos mundos, pertenecen a galaxias distintas. El energúmeno acosador representa el materialismo típico del ideario marxista, según el cual los términos lucro, beneficios, plusvalías, capital y clase obrera conforman los puntos cardinales de sus vidas. A la víctima de estos incidentes, creyente y devota de la doctrina de Cristo, apasionada de las tesis sustentadoras de la fundamentación existencial de la iglesia, sus parámetros vivenciales se ciernen en el ámbito del derecho a la vida, de la asunción del sacrificio como medio de subsistencia y progreso personal, del valor del mérito, de la comprensión generosa hacia la inferioridad del débil, de la propensión a la ayuda al ajeno, del respeto a lo distinto y de la Fe persuasiva en que sus creencias religiosas le sirven de fortín contra todas las adversidades de la vida. Así son, y porque son así se sientes fuertes.
De contrario nos topamos con las reliquias expresivas resultado de las políticas sociatas. El actual gobierno socialista, ha sido el gran urdidor de las capas sociales que se identifican con el fracaso social, familiar, escolar y profesional en sus vidas, resultado de esperar recibir lo inmerecido y de ser privilegiados sin mérito para ello. Aquellos jóvenes agresores, podrían clasificarse, perfectamente, como un segmento social típico de hijos de familias desestructuradas, ese estrato social promovido por las leyes de género según las cuales la significación familiar de la figura del padre, es en esencia el estigma de un patriarcado dominador que se debe, y se ha conseguido, exterminar. Aquellos asilvestrados jóvenes alienados con la idea sociata, (se deduce de sus actitudes presentes y las que le han precedido desde el mes de mayo), conforman el sustento electoral de la más deprimente izquierda política, esa misma que considera que los ciudadanos son súbditos del estado y como tales, tienen el derecho a recibir de la estructura de poder todo lo necesario para su subsistencia, por el mero hecho de haber nacido, sin más consideraciones que su capacidad para ser un vulgar votante en una urna engañosa.
Este gobierno socialista ha aleccionado a estas capas sociales empleando varias tácticas propagandísticas; sobre todas, la implantación de un modelo de lo que debe ser la familia, totalmente alejada de la noción cristiana de solidaridad, unión y respeto parental; se ha abominado de la dualidad complementaria de padre y madre para dejar sin contenido ni sentido la figura del padre, fomentando la monoparentalidad familiar; el actual decadente gobierno socialista ha otorgado al hijo tal grado de protección estatal, fruto de su consideración de menor de edad, que se le ha garantizado no sólo el derecho a no ser recriminado por sus progenitores, sino que se ha llegado mucho más allá, se le ha otorgado carta de naturaleza, licencia especial, incluso para delinquir en cualquiera de sus formas, ya sea contra la vida, la libertad o el patrimonio. La privación de libertad como castigo del menor delincuente, se ha convertido en una concepción trasnochada de los derechos humanos imbricados en la esencia de toda persona bien nacida.
El abismo moral de esta juventud de izquierdas, parto de los montes de la hoz y el martillo, el puño y la rosa, desquiciada y sin sentido del rumbo en sus vidas, se reflejó nítidamente en las agresiones sufridas por sus compañeros de generación en la mismísima Puerta del Sol, ante las cámaras de televisión de medio mundo y en su reproducción gráfica masiva en todos los medios escritos de los cinco continentes. Esta imagen representa el ideal socialista de las dos Españas, procurada insistentemente por el actual gobierno, la del rencor ateo y la de la Fe del creyente, la de la irracionalidad del energúmeno y la de la inteligencia del cultivado, la de las bestias bípodas y la de los jóvenes dotados de bellísimos espíritus. Una verdadera pena, ciertamente, producto irremediable de la cultura sociata según la cual los derechos fundamentales se deben aplicar con el rigor intelectual de la ley del embudo.
Y de aquellos mimbres, estas sillas. Unos reflejan a la juventud asistida de amor, apoyo familiar, atención y respeto paterno, disciplina e ilusión vital típica de su generación, mientras el otro segmento social juvenil representa, nítidamente, "el éxito alcanzado con la implantación de las políticas de género", esas que tienen por objeto la indisciplina como hijos, la reducción a lo absurdo de la figura del padre y la estatalización de todo lo que tenga que ver con educación en un estado de orden y formación en el seno de esa amalgama de valores que, pese a quien pese, siguen siendo la razón existencial del humanismo cristiano.
MARIANO ORTA TOSCANO.
10 agosto 2011
DE BLAS INFANTE A FRANCISCO SERRANO
DE BLAS INFANTE A FRANCISCO SERRANO
Padres sufridores:
Hoy se conmemora en Andalucía el 75 aniversario del fusilamiento de Blas Infante. El denominado “padre de la patria andaluza”, fue un hombre de leyes (abogado y notario) que se significó durante toda su vida por defender los derechos de los oprimidos en tiempos de la II República. Su vocación política quedó marcada por sus reiterados intentos, siempre fracasados, por conseguir una representación institucional en el parlamento español que las urnas repetidamente le negaron.
El Juez Francisco Serrano no es menos tenaz de lo que fue Blas Infante en la defensa de sus ideales políticos, aunque el ideal del Juez es la defensa del principio de igualdad real entre hombre y mujer aplicable en las jurisdicciones civiles de familia y penal de malos tratos. Blas Infante defendía los derechos laborales de los jornaleros del campo andaluz; ambos, al fin y al cabo, defienden un mismo ideal: el derecho a disfrutar de la condición de ciudadanos en un contexto social, jurídico y político en el que se respete (al padre y al jornalero) su dignidad como persona. Blas Infante y Francisco Serrano abogan por el reconocimiento a la presunción de su inocencia del jornalero y el padre de familia actual, como causantes del mal endémico que invadía aquella y esta sociedad de nuestros días, como son la lacra de la pobreza (antes) y hoy el estigma de la injusticia emanada de los tribunales de género. Blas Infante y Francisco Serrano tienen de común su perpetuo fracaso en los intentos por influenciar en la conciencia colectiva de sus defendidos, de modo que sean los mismos afectados por ellos amparados quienes le tomen el pulso a sus proclamas, se movilicen atendiendo a la defensa de sus intereses y tomen las calles y plazas al grito de libertad, dignidad, igualdad y justicia.
Los padres separados de ahora, al igual que los jornaleros de entonces, viven en la más absoluta miseria cívica; ambos se han convertido en un reducto social inmerecedor de las atenciones del poder instituido, ya sea en sus facetas de político, legislativo o judicial; más bien al contrario, al jornalero de ayer y al padre separado de hoy se le estigmatiza para que se aleje anímicamente de toda esperanza de reconocimiento colectivo de sus derechos humanos vilipendiados, tanto en los órdenes del atinente a su consideración profesional, la integridad de sus escasos patrimonios, el derecho a una vivienda digna, a un salario inembargable, a una integración familiar típica de seres humanos que viven y crecen en sociedad…
Al jornalero defendido por Blas Infante, al igual que al padre separado respaldado por la doctrina de Francisco Serrano, se les detesta en los tribunales, se le persigue y margina políticamente por su pensamiento reivindicativo igualitario, se le aniquila por su estatus social y se le ignora por que lo que reclama, aún siendo tremendamente justo, no figura en la agenda de prioridades de los poderes establecidos, ni de los fácticos ni de los institucionales. Al jornalero de Blas Infante y al padre aludido por Francisco Serrano, se les ataca sin compasión por dos motivos fundamentales.
UNO, porque no saben organizarse para su defensa, y
DOS, porque sus postulados individualistas les convierten en individuos desamparados, presas fáciles de quienes disponen de estructura organizativa de ataque.
Cualquier jornalero de entonces, abrazado por la necesidad, abandonaba su lucha reivindicativa ante la promesa vaga de un mísero salario. Los padres separados de hoy, partícipes del movimiento de padres por la custodia compartida, abdican de su lucha, e incluso se enfrentan a sus compañeros, al mínimo halo de suspicacia de ver invadido su territorio reivindicativo por otro sujeto de igual condición y aspiraciones. Antes, había tantos sindicatos de jornaleros como jornaleros había. Hoy, hay tantas asociaciones de padres como padres hay en la lucha. De contrario, los terratenientes de entonces se agrupaban eficazmente en los entornos de la monarquía; hoy, nuestra oposición más virulenta sobrevive a las faldas de un feminazismo imperante en el actual gobierno, al que nadie (por falta de organización y capacidad de lucha) ha sido capaz de desbancar, ni existen expectativas de que así suceda en el corto plazo.
A Blas Infante lo fusilaron los falangistas adscritos al incipiente franquismo; a Francisco Serrano lo han fusilado profesionalmente las hordas feminazistas infiltradas en la desquiciada estructura organizativa de la Administración de Justicia española. A Blas Infante lo fusilaron en Coria del Rio; a Francisco Serrano en Granada, sede del supuestamente denominado Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La obra cumbre de Blas infante fue “Ideal Andaluz”, en la que criticaba severamente las condiciones de vida de los marginados de la época. “Un divorcio sin traumas” es el título de la obra en la que Francisco Serrano impregna todo su pensamiento acerca de los marginados de la actualidad, los padres separados, indicando en su texto cómo debe hacerse justicia en situaciones de conflicto familiar. A Blas Infante, la sociedad lo ha reconocido después de muerto. A Francisco Serrano, esperemos que goce de su reputación y seguimiento merecido desde el mismísimo momento en que tanto en Andalucía como en España se produzca la tan necesitada alternancia de sus respectivos órganos superiores de poder ejecutivo, legislativo y judicial.
Mariano Orta.
Padres sufridores:
Hoy se conmemora en Andalucía el 75 aniversario del fusilamiento de Blas Infante. El denominado “padre de la patria andaluza”, fue un hombre de leyes (abogado y notario) que se significó durante toda su vida por defender los derechos de los oprimidos en tiempos de la II República. Su vocación política quedó marcada por sus reiterados intentos, siempre fracasados, por conseguir una representación institucional en el parlamento español que las urnas repetidamente le negaron.
El Juez Francisco Serrano no es menos tenaz de lo que fue Blas Infante en la defensa de sus ideales políticos, aunque el ideal del Juez es la defensa del principio de igualdad real entre hombre y mujer aplicable en las jurisdicciones civiles de familia y penal de malos tratos. Blas Infante defendía los derechos laborales de los jornaleros del campo andaluz; ambos, al fin y al cabo, defienden un mismo ideal: el derecho a disfrutar de la condición de ciudadanos en un contexto social, jurídico y político en el que se respete (al padre y al jornalero) su dignidad como persona. Blas Infante y Francisco Serrano abogan por el reconocimiento a la presunción de su inocencia del jornalero y el padre de familia actual, como causantes del mal endémico que invadía aquella y esta sociedad de nuestros días, como son la lacra de la pobreza (antes) y hoy el estigma de la injusticia emanada de los tribunales de género. Blas Infante y Francisco Serrano tienen de común su perpetuo fracaso en los intentos por influenciar en la conciencia colectiva de sus defendidos, de modo que sean los mismos afectados por ellos amparados quienes le tomen el pulso a sus proclamas, se movilicen atendiendo a la defensa de sus intereses y tomen las calles y plazas al grito de libertad, dignidad, igualdad y justicia.
Los padres separados de ahora, al igual que los jornaleros de entonces, viven en la más absoluta miseria cívica; ambos se han convertido en un reducto social inmerecedor de las atenciones del poder instituido, ya sea en sus facetas de político, legislativo o judicial; más bien al contrario, al jornalero de ayer y al padre separado de hoy se le estigmatiza para que se aleje anímicamente de toda esperanza de reconocimiento colectivo de sus derechos humanos vilipendiados, tanto en los órdenes del atinente a su consideración profesional, la integridad de sus escasos patrimonios, el derecho a una vivienda digna, a un salario inembargable, a una integración familiar típica de seres humanos que viven y crecen en sociedad…
Al jornalero defendido por Blas Infante, al igual que al padre separado respaldado por la doctrina de Francisco Serrano, se les detesta en los tribunales, se le persigue y margina políticamente por su pensamiento reivindicativo igualitario, se le aniquila por su estatus social y se le ignora por que lo que reclama, aún siendo tremendamente justo, no figura en la agenda de prioridades de los poderes establecidos, ni de los fácticos ni de los institucionales. Al jornalero de Blas Infante y al padre aludido por Francisco Serrano, se les ataca sin compasión por dos motivos fundamentales.
UNO, porque no saben organizarse para su defensa, y
DOS, porque sus postulados individualistas les convierten en individuos desamparados, presas fáciles de quienes disponen de estructura organizativa de ataque.
Cualquier jornalero de entonces, abrazado por la necesidad, abandonaba su lucha reivindicativa ante la promesa vaga de un mísero salario. Los padres separados de hoy, partícipes del movimiento de padres por la custodia compartida, abdican de su lucha, e incluso se enfrentan a sus compañeros, al mínimo halo de suspicacia de ver invadido su territorio reivindicativo por otro sujeto de igual condición y aspiraciones. Antes, había tantos sindicatos de jornaleros como jornaleros había. Hoy, hay tantas asociaciones de padres como padres hay en la lucha. De contrario, los terratenientes de entonces se agrupaban eficazmente en los entornos de la monarquía; hoy, nuestra oposición más virulenta sobrevive a las faldas de un feminazismo imperante en el actual gobierno, al que nadie (por falta de organización y capacidad de lucha) ha sido capaz de desbancar, ni existen expectativas de que así suceda en el corto plazo.
A Blas Infante lo fusilaron los falangistas adscritos al incipiente franquismo; a Francisco Serrano lo han fusilado profesionalmente las hordas feminazistas infiltradas en la desquiciada estructura organizativa de la Administración de Justicia española. A Blas Infante lo fusilaron en Coria del Rio; a Francisco Serrano en Granada, sede del supuestamente denominado Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La obra cumbre de Blas infante fue “Ideal Andaluz”, en la que criticaba severamente las condiciones de vida de los marginados de la época. “Un divorcio sin traumas” es el título de la obra en la que Francisco Serrano impregna todo su pensamiento acerca de los marginados de la actualidad, los padres separados, indicando en su texto cómo debe hacerse justicia en situaciones de conflicto familiar. A Blas Infante, la sociedad lo ha reconocido después de muerto. A Francisco Serrano, esperemos que goce de su reputación y seguimiento merecido desde el mismísimo momento en que tanto en Andalucía como en España se produzca la tan necesitada alternancia de sus respectivos órganos superiores de poder ejecutivo, legislativo y judicial.
Mariano Orta.
07 agosto 2011
LA CRIMINAL INDUSTRIA DEL MALTRATO
Apenas sin pretenderlo, han pasado ya un buen puñado de años desde que hice mis primeras alusiones a la INDUSTRIA DEL MALTRATO, en aquellos escritos críticos que intitulé bajo el epígrafe de “comentario editorial de la asociación papahuelva”, cuando aún no había adquirido formalidad jurídica el instituto de la CUSTODIA COMPARTIDA. He vivido el nacimiento, crecimiento y esplendor de ésta criminal industria; la hemos sufrido por igual tanto mi hija como yo; decenas de miles de padres e hijos han sido idénticas víctimas de esta encanallada forma de ganar dinero y hacer política barriobajera, todo para conseguir un fin aún inconfesado: ganar el voto de sectores proclives al exterminio del estatus social que siempre representó el buen padre de familia.
Los criterios actuacionales de “un buen padre de familia” no son exclusivos de quien goza de la posición biológica de padre, sino que se extiende hacia toda aquella forma de actuar que se sustenta en los principios de la buena fe, el sentido de la responsabilidad en la protección de los dependientes, el altruismo como filosofía de vida cuando se trata de intervenir en los bienes patrimoniales de los hijos, la sensatez como paradigma del sentido común aplicable a la unidad familiar, y como no, el criterio de un “buen padre de familia” siempre se acopló perfectamente al sentido de la protección integral de la unidad familiar, compuesta no sólo por los miembros más próximos, sino también de los denominados como “familia extensa”.
El esplendor del feminismo más radical, envalentonado al socaire del actual gobierno socialista, se marcó desde un principio el objetivo de erradicar esta noción jurídica, “el buen padre de familia”, acepción que por otra parte es aplicable tanto al padre, la madre, los abuelos, hermanos y administradores en general, ya lo sean de bienes familiares o de recursos ajenos. Administrar bienes, intervenir en negocios propios y ajenos, siguiendo los criterios actuacionales de “un buen padre de familia”, significa, sencilla y llanamente, actuar conforme a los principios antes aludidos, todos ellos subordinados a la lógica del contexto en el que se han de llevar a cabo.
Para el feminismo radicalizado surgido de las faldas contaminadas del zapaterismo más desafiante, “el padre de familia” no era más que un residuo feudal, reflejo vivo de una cultura patriarcal, que había de erradicarse, no porque su subsistencia fuera nociva para la sociedad, que nunca lo fue, sino porque debería ser reemplazada por el nuevo poder emergente representado por la mujer “igualada”, capaz de tomar la vez de aquellos “padres de familia” al que los civilistas de todo el mundo le reconocieron su naturaleza de fuente de derecho. Para conseguir en brevísimo plazo de tiempo la sustitución de aquella figura jurídica, social y referente familiar, no tuvieron mejor ocurrencia las feministas zapateristas (aún disfrutan de su estado de esplendor), que tildar al “buen padre” como SUJETO MALVADO, y a sus obras como efecto consecuente del origen pernicioso que le habría de caracterizar para lo sucesivo.
Para aniquilar al “buen padre” auspiciaron y consiguieron la promulgación de la las leyes de género actualmente en vigor, tanto en los órdenes penal (el hombre es un maltratador por su propia condición de hombre), como en el orden civil (aplicación estratégica de unos principios de igualdad, que solo son aplicables ante la disparidad masculina, pero no cuando el desequilibrio es de esencia femenina). De la conjunción astuta de ambos tipos de normas, surgió la ingente necesidad de crear todo un entramado de instituciones, unas reales y otras fantasmas, ambas de nula utilidad social, para remediar el problema que decían habrían de solucionar, ya que el verdadero fin pretendido era, indiscutiblemente, la sustitución funcional de la figura familiar del padre. En lo político, se pretendió y consiguió el aprovechamiento de una creencia demagógica según la cual todos los hombres son iguales de violentos en el ejercicio de su función como “padres de familia”.
Aquí está la justificación fáctica de toda la criminal industria del maltrato. Ambas necesidades de erradicación e implantación de una nueva filosofía parental, hizo necesario el entramado de instituciones públicas, privadas y mixtas que actualmente se identifican perfectamente con la concepción social de la INDUSTRIASL DEL MALTRATO. Esta criminal industria ha sido muy efectiva, además de rentabilísima, para sus promotores y promotoras, y de su eficacia operativa da cuenta la marginación social y familiar que actualmente padece el hombre en su dimensión de padre. En el aspecto político, segunda parte de los intereses pretendidos por la “industria”, se han granjeado la adhesión transitoria de miles de mujeres que nubladas por la percepción de ventajas mercantilistas vinculadas al goce de privilegios sociales, profesionales, familiares, etc., casi siempre inmerecidas, se entregaron en los brazos de las custodias de urnas plebiscitarias teñidas del zapaterismo triunfante.
Los nuevos tiempos soplan cambios radicales, y una vuelta a la sensatez. Esta criminal industria del maltrato tiene sus días contados, para escarnio de sus vividoras usufructuarias, no por demérito de ellas, que han demostrado ser más inteligentes que los grupos sociales masculinos, sino por exigencias de la eficiencia de los recursos públicos. Se acaba el chollo. Se acaba el sistema subvencionado que la mantiene, y se evapora toda la estructura que la sustenta. Esta es la mayor prueba de cargo contra la misma industria, prueba de su innecesaridad, de su criminalidad, de su transitoriedad y de su condición mafiosa en el ejercicio de su poder político, supeditado a las fanfarronadas y extravagancias del zapaterismo reinante. Las vividoras de este sistema, deberán ser enjuiciadas en un futuro próximo, por el daño moral causado a sus víctimas, de las que han podido enriquecerse de forma descarada y descarnada. Con el declive moral del zapaterismo, ha quedado desacreditado socialmente esta particular forma de ejercer un servicio tan escasamente público como es valerse de la denuncia falsa y la falsa argumentación jurídica para hacer efectivo el principal objetivo propuesto: la erradicación social y familiar del BUEN PADRE DE FAMILIA.
Mariano Orta.
Los criterios actuacionales de “un buen padre de familia” no son exclusivos de quien goza de la posición biológica de padre, sino que se extiende hacia toda aquella forma de actuar que se sustenta en los principios de la buena fe, el sentido de la responsabilidad en la protección de los dependientes, el altruismo como filosofía de vida cuando se trata de intervenir en los bienes patrimoniales de los hijos, la sensatez como paradigma del sentido común aplicable a la unidad familiar, y como no, el criterio de un “buen padre de familia” siempre se acopló perfectamente al sentido de la protección integral de la unidad familiar, compuesta no sólo por los miembros más próximos, sino también de los denominados como “familia extensa”.
El esplendor del feminismo más radical, envalentonado al socaire del actual gobierno socialista, se marcó desde un principio el objetivo de erradicar esta noción jurídica, “el buen padre de familia”, acepción que por otra parte es aplicable tanto al padre, la madre, los abuelos, hermanos y administradores en general, ya lo sean de bienes familiares o de recursos ajenos. Administrar bienes, intervenir en negocios propios y ajenos, siguiendo los criterios actuacionales de “un buen padre de familia”, significa, sencilla y llanamente, actuar conforme a los principios antes aludidos, todos ellos subordinados a la lógica del contexto en el que se han de llevar a cabo.
Para el feminismo radicalizado surgido de las faldas contaminadas del zapaterismo más desafiante, “el padre de familia” no era más que un residuo feudal, reflejo vivo de una cultura patriarcal, que había de erradicarse, no porque su subsistencia fuera nociva para la sociedad, que nunca lo fue, sino porque debería ser reemplazada por el nuevo poder emergente representado por la mujer “igualada”, capaz de tomar la vez de aquellos “padres de familia” al que los civilistas de todo el mundo le reconocieron su naturaleza de fuente de derecho. Para conseguir en brevísimo plazo de tiempo la sustitución de aquella figura jurídica, social y referente familiar, no tuvieron mejor ocurrencia las feministas zapateristas (aún disfrutan de su estado de esplendor), que tildar al “buen padre” como SUJETO MALVADO, y a sus obras como efecto consecuente del origen pernicioso que le habría de caracterizar para lo sucesivo.
Para aniquilar al “buen padre” auspiciaron y consiguieron la promulgación de la las leyes de género actualmente en vigor, tanto en los órdenes penal (el hombre es un maltratador por su propia condición de hombre), como en el orden civil (aplicación estratégica de unos principios de igualdad, que solo son aplicables ante la disparidad masculina, pero no cuando el desequilibrio es de esencia femenina). De la conjunción astuta de ambos tipos de normas, surgió la ingente necesidad de crear todo un entramado de instituciones, unas reales y otras fantasmas, ambas de nula utilidad social, para remediar el problema que decían habrían de solucionar, ya que el verdadero fin pretendido era, indiscutiblemente, la sustitución funcional de la figura familiar del padre. En lo político, se pretendió y consiguió el aprovechamiento de una creencia demagógica según la cual todos los hombres son iguales de violentos en el ejercicio de su función como “padres de familia”.
Aquí está la justificación fáctica de toda la criminal industria del maltrato. Ambas necesidades de erradicación e implantación de una nueva filosofía parental, hizo necesario el entramado de instituciones públicas, privadas y mixtas que actualmente se identifican perfectamente con la concepción social de la INDUSTRIASL DEL MALTRATO. Esta criminal industria ha sido muy efectiva, además de rentabilísima, para sus promotores y promotoras, y de su eficacia operativa da cuenta la marginación social y familiar que actualmente padece el hombre en su dimensión de padre. En el aspecto político, segunda parte de los intereses pretendidos por la “industria”, se han granjeado la adhesión transitoria de miles de mujeres que nubladas por la percepción de ventajas mercantilistas vinculadas al goce de privilegios sociales, profesionales, familiares, etc., casi siempre inmerecidas, se entregaron en los brazos de las custodias de urnas plebiscitarias teñidas del zapaterismo triunfante.
Los nuevos tiempos soplan cambios radicales, y una vuelta a la sensatez. Esta criminal industria del maltrato tiene sus días contados, para escarnio de sus vividoras usufructuarias, no por demérito de ellas, que han demostrado ser más inteligentes que los grupos sociales masculinos, sino por exigencias de la eficiencia de los recursos públicos. Se acaba el chollo. Se acaba el sistema subvencionado que la mantiene, y se evapora toda la estructura que la sustenta. Esta es la mayor prueba de cargo contra la misma industria, prueba de su innecesaridad, de su criminalidad, de su transitoriedad y de su condición mafiosa en el ejercicio de su poder político, supeditado a las fanfarronadas y extravagancias del zapaterismo reinante. Las vividoras de este sistema, deberán ser enjuiciadas en un futuro próximo, por el daño moral causado a sus víctimas, de las que han podido enriquecerse de forma descarada y descarnada. Con el declive moral del zapaterismo, ha quedado desacreditado socialmente esta particular forma de ejercer un servicio tan escasamente público como es valerse de la denuncia falsa y la falsa argumentación jurídica para hacer efectivo el principal objetivo propuesto: la erradicación social y familiar del BUEN PADRE DE FAMILIA.
Mariano Orta.
06 agosto 2011
FRANCISCO SERRANO, JUEZ DE FAMILIA.
Me cuesta mucho entender de donde saca fuerzas este hombre para mantenerse, tenazmente, en la defensa de sus potulados. Es admirable, desde luego. Y más aún teniendo en cuenta que él no es sujeto pasivo del problema, sino espectador tercero, que conoce del conflicto por razón de su cargo.
Por otra parte, me llama poderosamente la atención la escabrosa hipocresía del entorno social y profesional del que forma parte este gran hombre y valiente Juez. Ni siquiera sus compañeros de Sede jurisdiccional se han atrevido a emitir un pronunciamiento en su apoyo, ni de realizar un gesto de defensa del derecho de un juez a opinar sobre la aplicación de ciertas normas. Nada de nada. Esta indiferencia, para el Juez Serrano, debe ser verdaderamente decepcionante. Pero más decepcionante aún le debe resultar comprobar la "ausencia" por estampida de todos aquellos padres y abuelos, madres e hijos, beneficiarios de sus resoluciones, aquellos que resolvieron sus problemas relacionales merced a que este juez se guió en sus resoluciones por el sentido común jurídico y no por la máxima de la obediencia al lobby de las allegadas y allegados tangenciales de la criminal industria del maltrato.
Por su valentía y capacidad demostrada, el Juez D. Francisco Serrano goza de mi total solidaridad en su forma de actuar. Le deso mucha suerte.
Mariano Orta.
--- El jue, 4/8/11, Domingo Gonzalez Alonso escribió:
De: Domingo Gonzalez Alonso
Asunto: [padresdehuelva] Francisco Serrano, un juez decente: «Nadie habla de los hombres asesinados por sus parejas....porque no interesa.....¡¡¡¡¡¡¡¡
Para:
Fecha: jueves, 4 de agosto, 2011 16:58
Francisco Serrano, un juez decente: «Nadie habla de los ho...
2/8/2011 | REDACCION
Si por algo se caracteriza Francisco Serrano es por ser franco y directo en sus declaraciones, algunas de las cuales han provocado urticaria entre políticos, jueces, abogados y colectivos feministas. Tanta que han conseguido de momento apartarlo de la carrera judicial. Él sin embargo parece tranquilo. Sabe que España está a las puertas de un cambio de ciclo social y que cuenta con el apoyo y el sincero afecto de españoles de todas las condiciones, explicitados estos días en actos de apoyo celebrados en toda España.
El exjuez de Familia 7 de Sevilla cree que «hay un 10% de denuncias de maltrato que sí son reales» y «lo que nos tiene que preocupar —dice— es ese maltrato solapado de mujeres que no se atreven a denunciar, que acuden al juzgado de Familia para separarse, pero no al de Violencia de Género. Son señoras maltratadas que no quieren denunciar porque tienen miedo, ya que están en una situación de desigualdad respecto a sus parejas. El sistema no les da confianza porque no es lo mismo proteger a cien mujeres que proteger a las diez o quince que realmente están en situación de maltrato».
Serrano está donde está por promover una batalla en defensa de los hombres en la política de violencia de género. «Dicen que no hay estigmatización del hombre, pero contaré un caso que ilustra lo contrario: un ecuatoriano es denunciado por malos tratos y se le detiene inmediatamente. Se le juzga y absuelve porque los hechos no están acreditados. Ese ecuatoriano pidió la nacionalidad, pero se le denegó con el argumento de que había participado en un maltrato… aunque fue absuelto». De igual forma, recuerda que «si un padre pide la custodia compartida, como haya una denuncia admitida de maltrato no se le da, aunque después sea archivada. ¿No puede ser eso maltrato institucional?».
«Como es políticamente incorrecto decir que hay denuncias falsas, al hombre que se le absuelve en estos procesos, el 70% de los casos, se le dice que no es que sea inocente, sino que no se ha podido probar su culpabilidad», protesta este juez.
«Para que haya maltratado tiene que haber una relación de miedo, de anulación de voluntad, de dependencia afectiva y emocional, donde el maltratador es el dominador, el que genera esa situación. En más del 80% de las denuncias —afirma— no se cumplen esos requisitos, simplemente hay conflictividad propia de la relación de pareja».
Asimismo, protesta porque «la Ley dice que toda mujer, por el hecho de ser mujer, está en una situación de desigualdad, inferioridad, sumisión respecto a su pareja, lo cual es mentira. Partimos de una ideología falsa de discriminación de la mujer por el hecho de ser mujer».
“¿Cuántos hombres han sido asesinados por sus parejas este año? Ya van algunos y de eso nadie se entera. ¿No es eso violencia de género? Hasta ahora, cuando una mujer era asesinada por su pareja se decía que ‘algo habría hecho ella’. Ahora, cuando un hombre es asesinado por una mujer se dice que ‘seguro que se lo merecía’ o que lo había hecho en legítima defensa».
Serrano va más allá al decir que «hasta el año 2006 había una estadística de más de 630 hombres que habían suidado cuando estaban en una situación de crisis de pareja. El INE dejó de publicar esa estadística porque cantaba mucho la gallina».
http://www.alertadigital.com/2011/08/02/juez-francisco-serrano-%C2%ABnadie-habla-de-los-hombres-asesinados-por-sus-parejas%C2%BB/
Por otra parte, me llama poderosamente la atención la escabrosa hipocresía del entorno social y profesional del que forma parte este gran hombre y valiente Juez. Ni siquiera sus compañeros de Sede jurisdiccional se han atrevido a emitir un pronunciamiento en su apoyo, ni de realizar un gesto de defensa del derecho de un juez a opinar sobre la aplicación de ciertas normas. Nada de nada. Esta indiferencia, para el Juez Serrano, debe ser verdaderamente decepcionante. Pero más decepcionante aún le debe resultar comprobar la "ausencia" por estampida de todos aquellos padres y abuelos, madres e hijos, beneficiarios de sus resoluciones, aquellos que resolvieron sus problemas relacionales merced a que este juez se guió en sus resoluciones por el sentido común jurídico y no por la máxima de la obediencia al lobby de las allegadas y allegados tangenciales de la criminal industria del maltrato.
Por su valentía y capacidad demostrada, el Juez D. Francisco Serrano goza de mi total solidaridad en su forma de actuar. Le deso mucha suerte.
Mariano Orta.
--- El jue, 4/8/11, Domingo Gonzalez Alonso
De: Domingo Gonzalez Alonso
Asunto: [padresdehuelva] Francisco Serrano, un juez decente: «Nadie habla de los hombres asesinados por sus parejas....porque no interesa.....¡¡¡¡¡¡¡¡
Para:
Fecha: jueves, 4 de agosto, 2011 16:58
Francisco Serrano, un juez decente: «Nadie habla de los ho...
2/8/2011 | REDACCION
Si por algo se caracteriza Francisco Serrano es por ser franco y directo en sus declaraciones, algunas de las cuales han provocado urticaria entre políticos, jueces, abogados y colectivos feministas. Tanta que han conseguido de momento apartarlo de la carrera judicial. Él sin embargo parece tranquilo. Sabe que España está a las puertas de un cambio de ciclo social y que cuenta con el apoyo y el sincero afecto de españoles de todas las condiciones, explicitados estos días en actos de apoyo celebrados en toda España.
El exjuez de Familia 7 de Sevilla cree que «hay un 10% de denuncias de maltrato que sí son reales» y «lo que nos tiene que preocupar —dice— es ese maltrato solapado de mujeres que no se atreven a denunciar, que acuden al juzgado de Familia para separarse, pero no al de Violencia de Género. Son señoras maltratadas que no quieren denunciar porque tienen miedo, ya que están en una situación de desigualdad respecto a sus parejas. El sistema no les da confianza porque no es lo mismo proteger a cien mujeres que proteger a las diez o quince que realmente están en situación de maltrato».
Serrano está donde está por promover una batalla en defensa de los hombres en la política de violencia de género. «Dicen que no hay estigmatización del hombre, pero contaré un caso que ilustra lo contrario: un ecuatoriano es denunciado por malos tratos y se le detiene inmediatamente. Se le juzga y absuelve porque los hechos no están acreditados. Ese ecuatoriano pidió la nacionalidad, pero se le denegó con el argumento de que había participado en un maltrato… aunque fue absuelto». De igual forma, recuerda que «si un padre pide la custodia compartida, como haya una denuncia admitida de maltrato no se le da, aunque después sea archivada. ¿No puede ser eso maltrato institucional?».
«Como es políticamente incorrecto decir que hay denuncias falsas, al hombre que se le absuelve en estos procesos, el 70% de los casos, se le dice que no es que sea inocente, sino que no se ha podido probar su culpabilidad», protesta este juez.
«Para que haya maltratado tiene que haber una relación de miedo, de anulación de voluntad, de dependencia afectiva y emocional, donde el maltratador es el dominador, el que genera esa situación. En más del 80% de las denuncias —afirma— no se cumplen esos requisitos, simplemente hay conflictividad propia de la relación de pareja».
Asimismo, protesta porque «la Ley dice que toda mujer, por el hecho de ser mujer, está en una situación de desigualdad, inferioridad, sumisión respecto a su pareja, lo cual es mentira. Partimos de una ideología falsa de discriminación de la mujer por el hecho de ser mujer».
“¿Cuántos hombres han sido asesinados por sus parejas este año? Ya van algunos y de eso nadie se entera. ¿No es eso violencia de género? Hasta ahora, cuando una mujer era asesinada por su pareja se decía que ‘algo habría hecho ella’. Ahora, cuando un hombre es asesinado por una mujer se dice que ‘seguro que se lo merecía’ o que lo había hecho en legítima defensa».
Serrano va más allá al decir que «hasta el año 2006 había una estadística de más de 630 hombres que habían suidado cuando estaban en una situación de crisis de pareja. El INE dejó de publicar esa estadística porque cantaba mucho la gallina».
http://www.alertadigital.com/2011/08/02/juez-francisco-serrano-%C2%ABnadie-habla-de-los-hombres-asesinados-por-sus-parejas%C2%BB/
JUSTICIA CIEGA
La acción de la Justicia nunca ha sido ciega, sino todo lo contrario, tiene los ojos muy bien abiertos. La supuesta ceguera hace referencia al estricto cumplimiento de la ley por parte de sus agentes, pero la experiencia nos demuestra que la ley se aplica con muy distintos criterios, según sea el juez que juzga y según quien sea el ciudadano juzgado. Por tanto, esta es la evidencia de que LA JUSTICIA NO ES CIEGA.
Quienes defienden la "ceguera", lo manifiestan invocando la aplicación expresa del principio de legalidad, otra fantasía típica de quienes pretenden hacernos creer que ley y sentencia, hechos y fundamentos de derecho, guardan una sintonía absoluta. Menuda sobervia mentira argumental.
La justicia se administra por quienes están facultados para hacerlo, pero su fuente de aplicación administradora, ni por lo más remoto, tiene nada que ver ni con la estricta legalidad aplicable al caso litigioso, ni mucho menos. En la aplicación práctica de la justicia no se tienen se tienen en cuenta (salvo contadas excepciones), los criterios de aceptación social dominante. Ojo... me refiero a la justicia emanada de juzgados de familia, titulares y conexos, y no hago extensiva esta apreciación a la praxis judicial de otros órdenes, como son los administrativos, el mercantil y los encargados de resolver temas relacionados con el civil patrimonial (Primera Instancia).
La justica de familia es parcial, dominada por los prejuicios del género, asistida de creencias generalmente asumidas como es la patrimonialidad del hijo por parte de la madre, asistidas de bulos tan rematadamente arcaicos como es la suposición de que no existe el hombre maltratado, ni el capaz "per se" para hacerse cargo en su individualidad de la crianza y educación de sus hijos. Esta justicia, como vemos, no es ciega, ni mucho menos justa, porque los preceptos aplicados chocan de bruces con aquellos bienes jurídicos que dicen proteger.
Es más, si esta forma de hacer justicia no fuera tan descabellada como es, a buen seguro que el juez D. Francisco Serrano no se habría visto impelido a soportar el calvario procesal en el que se halla inmerso. Por tanto, de la justicia de ojos abiertos, discriminadora e inquisidora, solo cabe esperar lo que tenemos: acciones de venganza personal en la que prevalece el poder del lobby dominante, que nada tiene que ver con el sentimiento social dominante. Esta es acción justiciera de una minoría, contra los intereses de la gran mayoría. La victoria la cantan los minoritarios no porque la ley les ampare, sino porque su estructura organizativa criminal les permite ser dominantes, poderosos y triunfantes.
Mariano Orta.
Quienes defienden la "ceguera", lo manifiestan invocando la aplicación expresa del principio de legalidad, otra fantasía típica de quienes pretenden hacernos creer que ley y sentencia, hechos y fundamentos de derecho, guardan una sintonía absoluta. Menuda sobervia mentira argumental.
La justicia se administra por quienes están facultados para hacerlo, pero su fuente de aplicación administradora, ni por lo más remoto, tiene nada que ver ni con la estricta legalidad aplicable al caso litigioso, ni mucho menos. En la aplicación práctica de la justicia no se tienen se tienen en cuenta (salvo contadas excepciones), los criterios de aceptación social dominante. Ojo... me refiero a la justicia emanada de juzgados de familia, titulares y conexos, y no hago extensiva esta apreciación a la praxis judicial de otros órdenes, como son los administrativos, el mercantil y los encargados de resolver temas relacionados con el civil patrimonial (Primera Instancia).
La justica de familia es parcial, dominada por los prejuicios del género, asistida de creencias generalmente asumidas como es la patrimonialidad del hijo por parte de la madre, asistidas de bulos tan rematadamente arcaicos como es la suposición de que no existe el hombre maltratado, ni el capaz "per se" para hacerse cargo en su individualidad de la crianza y educación de sus hijos. Esta justicia, como vemos, no es ciega, ni mucho menos justa, porque los preceptos aplicados chocan de bruces con aquellos bienes jurídicos que dicen proteger.
Es más, si esta forma de hacer justicia no fuera tan descabellada como es, a buen seguro que el juez D. Francisco Serrano no se habría visto impelido a soportar el calvario procesal en el que se halla inmerso. Por tanto, de la justicia de ojos abiertos, discriminadora e inquisidora, solo cabe esperar lo que tenemos: acciones de venganza personal en la que prevalece el poder del lobby dominante, que nada tiene que ver con el sentimiento social dominante. Esta es acción justiciera de una minoría, contra los intereses de la gran mayoría. La victoria la cantan los minoritarios no porque la ley les ampare, sino porque su estructura organizativa criminal les permite ser dominantes, poderosos y triunfantes.
Mariano Orta.
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