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20 agosto 2011
LAS DOS ESPAÑAS EN LA PUERTA DEL SOL.
Los incidentes acaecidos anteayer en la Puerta del Sol, en los que un grupo de individuos identificados con el sobrenombre de “indignados” la emprendieron a golpes, insultos, amenazas y coacciones de todo tipo contra jóvenes asistentes a la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD, organizada por la iglesia católica, son el fiel reflejo del perenne enfrentamiento entre las dos Españas al que el actual y caduco gobierno socialista nos ha implantado como ideal de vida. Taurinos y antitaurinos, católicos y ateos, madridistas y culés, derechas e izquierdas, rojos y fachas, ricos y pobres… afortunados y desgraciados, quedaron fielmente reflejados en el click fotográfico que los medios han reproducido hasta la saciedad, en el que una joven besaba un crucifijo mientras era presa de las iras de unos energúmenos de gesto desencajado que la acosaban por sus creencias religiosas.
Al ofensor y a la víctima, les separan dos mundos, pertenecen a galaxias distintas. El energúmeno acosador representa el materialismo típico del ideario marxista, según el cual los términos lucro, beneficios, plusvalías, capital y clase obrera conforman los puntos cardinales de sus vidas. A la víctima de estos incidentes, creyente y devota de la doctrina de Cristo, apasionada de las tesis sustentadoras de la fundamentación existencial de la iglesia, sus parámetros vivenciales se ciernen en el ámbito del derecho a la vida, de la asunción del sacrificio como medio de subsistencia y progreso personal, del valor del mérito, de la comprensión generosa hacia la inferioridad del débil, de la propensión a la ayuda al ajeno, del respeto a lo distinto y de la Fe persuasiva en que sus creencias religiosas le sirven de fortín contra todas las adversidades de la vida. Así son, y porque son así se sientes fuertes.
De contrario nos topamos con las reliquias expresivas resultado de las políticas sociatas. El actual gobierno socialista, ha sido el gran urdidor de las capas sociales que se identifican con el fracaso social, familiar, escolar y profesional en sus vidas, resultado de esperar recibir lo inmerecido y de ser privilegiados sin mérito para ello. Aquellos jóvenes agresores, podrían clasificarse, perfectamente, como un segmento social típico de hijos de familias desestructuradas, ese estrato social promovido por las leyes de género según las cuales la significación familiar de la figura del padre, es en esencia el estigma de un patriarcado dominador que se debe, y se ha conseguido, exterminar. Aquellos asilvestrados jóvenes alienados con la idea sociata, (se deduce de sus actitudes presentes y las que le han precedido desde el mes de mayo), conforman el sustento electoral de la más deprimente izquierda política, esa misma que considera que los ciudadanos son súbditos del estado y como tales, tienen el derecho a recibir de la estructura de poder todo lo necesario para su subsistencia, por el mero hecho de haber nacido, sin más consideraciones que su capacidad para ser un vulgar votante en una urna engañosa.
Este gobierno socialista ha aleccionado a estas capas sociales empleando varias tácticas propagandísticas; sobre todas, la implantación de un modelo de lo que debe ser la familia, totalmente alejada de la noción cristiana de solidaridad, unión y respeto parental; se ha abominado de la dualidad complementaria de padre y madre para dejar sin contenido ni sentido la figura del padre, fomentando la monoparentalidad familiar; el actual decadente gobierno socialista ha otorgado al hijo tal grado de protección estatal, fruto de su consideración de menor de edad, que se le ha garantizado no sólo el derecho a no ser recriminado por sus progenitores, sino que se ha llegado mucho más allá, se le ha otorgado carta de naturaleza, licencia especial, incluso para delinquir en cualquiera de sus formas, ya sea contra la vida, la libertad o el patrimonio. La privación de libertad como castigo del menor delincuente, se ha convertido en una concepción trasnochada de los derechos humanos imbricados en la esencia de toda persona bien nacida.
El abismo moral de esta juventud de izquierdas, parto de los montes de la hoz y el martillo, el puño y la rosa, desquiciada y sin sentido del rumbo en sus vidas, se reflejó nítidamente en las agresiones sufridas por sus compañeros de generación en la mismísima Puerta del Sol, ante las cámaras de televisión de medio mundo y en su reproducción gráfica masiva en todos los medios escritos de los cinco continentes. Esta imagen representa el ideal socialista de las dos Españas, procurada insistentemente por el actual gobierno, la del rencor ateo y la de la Fe del creyente, la de la irracionalidad del energúmeno y la de la inteligencia del cultivado, la de las bestias bípodas y la de los jóvenes dotados de bellísimos espíritus. Una verdadera pena, ciertamente, producto irremediable de la cultura sociata según la cual los derechos fundamentales se deben aplicar con el rigor intelectual de la ley del embudo.
Y de aquellos mimbres, estas sillas. Unos reflejan a la juventud asistida de amor, apoyo familiar, atención y respeto paterno, disciplina e ilusión vital típica de su generación, mientras el otro segmento social juvenil representa, nítidamente, "el éxito alcanzado con la implantación de las políticas de género", esas que tienen por objeto la indisciplina como hijos, la reducción a lo absurdo de la figura del padre y la estatalización de todo lo que tenga que ver con educación en un estado de orden y formación en el seno de esa amalgama de valores que, pese a quien pese, siguen siendo la razón existencial del humanismo cristiano.
MARIANO ORTA TOSCANO.
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