DE BLAS INFANTE A FRANCISCO SERRANO
Padres sufridores:
Hoy se conmemora en Andalucía el 75 aniversario del fusilamiento de Blas Infante. El denominado “padre de la patria andaluza”, fue un hombre de leyes (abogado y notario) que se significó durante toda su vida por defender los derechos de los oprimidos en tiempos de la II República. Su vocación política quedó marcada por sus reiterados intentos, siempre fracasados, por conseguir una representación institucional en el parlamento español que las urnas repetidamente le negaron.
El Juez Francisco Serrano no es menos tenaz de lo que fue Blas Infante en la defensa de sus ideales políticos, aunque el ideal del Juez es la defensa del principio de igualdad real entre hombre y mujer aplicable en las jurisdicciones civiles de familia y penal de malos tratos. Blas Infante defendía los derechos laborales de los jornaleros del campo andaluz; ambos, al fin y al cabo, defienden un mismo ideal: el derecho a disfrutar de la condición de ciudadanos en un contexto social, jurídico y político en el que se respete (al padre y al jornalero) su dignidad como persona. Blas Infante y Francisco Serrano abogan por el reconocimiento a la presunción de su inocencia del jornalero y el padre de familia actual, como causantes del mal endémico que invadía aquella y esta sociedad de nuestros días, como son la lacra de la pobreza (antes) y hoy el estigma de la injusticia emanada de los tribunales de género. Blas Infante y Francisco Serrano tienen de común su perpetuo fracaso en los intentos por influenciar en la conciencia colectiva de sus defendidos, de modo que sean los mismos afectados por ellos amparados quienes le tomen el pulso a sus proclamas, se movilicen atendiendo a la defensa de sus intereses y tomen las calles y plazas al grito de libertad, dignidad, igualdad y justicia.
Los padres separados de ahora, al igual que los jornaleros de entonces, viven en la más absoluta miseria cívica; ambos se han convertido en un reducto social inmerecedor de las atenciones del poder instituido, ya sea en sus facetas de político, legislativo o judicial; más bien al contrario, al jornalero de ayer y al padre separado de hoy se le estigmatiza para que se aleje anímicamente de toda esperanza de reconocimiento colectivo de sus derechos humanos vilipendiados, tanto en los órdenes del atinente a su consideración profesional, la integridad de sus escasos patrimonios, el derecho a una vivienda digna, a un salario inembargable, a una integración familiar típica de seres humanos que viven y crecen en sociedad…
Al jornalero defendido por Blas Infante, al igual que al padre separado respaldado por la doctrina de Francisco Serrano, se les detesta en los tribunales, se le persigue y margina políticamente por su pensamiento reivindicativo igualitario, se le aniquila por su estatus social y se le ignora por que lo que reclama, aún siendo tremendamente justo, no figura en la agenda de prioridades de los poderes establecidos, ni de los fácticos ni de los institucionales. Al jornalero de Blas Infante y al padre aludido por Francisco Serrano, se les ataca sin compasión por dos motivos fundamentales.
UNO, porque no saben organizarse para su defensa, y
DOS, porque sus postulados individualistas les convierten en individuos desamparados, presas fáciles de quienes disponen de estructura organizativa de ataque.
Cualquier jornalero de entonces, abrazado por la necesidad, abandonaba su lucha reivindicativa ante la promesa vaga de un mísero salario. Los padres separados de hoy, partícipes del movimiento de padres por la custodia compartida, abdican de su lucha, e incluso se enfrentan a sus compañeros, al mínimo halo de suspicacia de ver invadido su territorio reivindicativo por otro sujeto de igual condición y aspiraciones. Antes, había tantos sindicatos de jornaleros como jornaleros había. Hoy, hay tantas asociaciones de padres como padres hay en la lucha. De contrario, los terratenientes de entonces se agrupaban eficazmente en los entornos de la monarquía; hoy, nuestra oposición más virulenta sobrevive a las faldas de un feminazismo imperante en el actual gobierno, al que nadie (por falta de organización y capacidad de lucha) ha sido capaz de desbancar, ni existen expectativas de que así suceda en el corto plazo.
A Blas Infante lo fusilaron los falangistas adscritos al incipiente franquismo; a Francisco Serrano lo han fusilado profesionalmente las hordas feminazistas infiltradas en la desquiciada estructura organizativa de la Administración de Justicia española. A Blas Infante lo fusilaron en Coria del Rio; a Francisco Serrano en Granada, sede del supuestamente denominado Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La obra cumbre de Blas infante fue “Ideal Andaluz”, en la que criticaba severamente las condiciones de vida de los marginados de la época. “Un divorcio sin traumas” es el título de la obra en la que Francisco Serrano impregna todo su pensamiento acerca de los marginados de la actualidad, los padres separados, indicando en su texto cómo debe hacerse justicia en situaciones de conflicto familiar. A Blas Infante, la sociedad lo ha reconocido después de muerto. A Francisco Serrano, esperemos que goce de su reputación y seguimiento merecido desde el mismísimo momento en que tanto en Andalucía como en España se produzca la tan necesitada alternancia de sus respectivos órganos superiores de poder ejecutivo, legislativo y judicial.
Mariano Orta.
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